Muere Manolo Sanlúcar, maestro de guitarristas y compositor de música flamenca, a los 78 años
Manuel Muñoz Alcón (Sanlúcar de Barrameda, 1943), Manolo Sanlúcar para el arte, maestro de la guitarra y compositor de música flamenca, ha fallecido hoy en Jerez a los 78 años, según ha anunciado Radio Jerez, de la Cadena Ser. Esa vocación docente forma parte de una actitud total, de un compromiso ético con el instrumento y una responsabilidad para con la música flamenca que determinó su carrera guitarrística y compositora, así como su propia vida, según reconocía a EL PAÍS en 2008, con motivo de la XV edición de la Bienal de Flamenco de Sevilla, que se le dedicó: “Por el flamenco he vivido como un monje”.
En la inauguración de aquel evento, estrenó la emocionante composición La voz del color, inspirada en las pinturas del artista Baldomero Ressendi, la última conocida —aunque inédita discográficamente— de una larga serie de obras regidas por su inquietud de ensanchar los límites armónicos de la guitarra flamenca, un propósito que compartió con sus compañeros de generación: Víctor Monge, Serranito y Paco de Lucía. Cada uno de ellos habría de seguir un camino distinto dentro del mismo objetivo, y Sanlúcar eligió la música clásica, su inspiración y su formato. Producto de esta intención fue el disco Fantasía para guitarra y orquesta (1977) o la obra conceptual …Y regresarte. Homenaje a Miguel Hernández, de un año después. El artista ya había firmado unos años antes la imprescindible trilogía Mundo y formas de la guitarra flamenca, una obra en la que fijó las líneas iniciales de su renovación, partiendo siempre de la ortodoxia, que sigue siendo de culto medio siglo después. Entre su discografía posterior no son pocas las obras que gozan de la misma cualificación, especialmente entre los guitarristas.

Ocupan un lugar especialísimo las únicas tres que el guitarrista reconocía haber vuelto a escuchar una vez grabadas. La primera, Medea. Obra sinfónica para guitarra y orquesta (1987), composición para la obra del mismo nombre del Ballet Nacional de España, que, estrenada en su día por Merche Esmeralda, ha sido rescatada recientemente por la Compañía de Antonio Márquez. Su puesta en escena, dentro del XXV Festival de Jerez, supuso una de las últimas, siempre discretas, apariciones públicas que se conocen del maestro. La segunda en esta selección sería la monumental Tauromagia (1988), un fetiche para los aficionados, y la tercera, la selecta e indagadora Locura de brisa y trino (2000), un homenaje a Lorca, que, con la voz de Carmen Linares, mantiene toda su tersura y emoción pasados los años. Pero hay muchas más: entre otras, Trebujena (1984), Soleá (1989), Aljibe (1992) o La gallarda, con libreto de Rafael Alberti, que fue estrenada en la Expo’92 de Sevilla con la participación de Montserrat Caballé.

Manolo Sanlúcar había nacido dentro de una familia de tradición guitarrística. No en vano, su padre, panadero de profesión, hacía en bicicleta el trayecto que une a Sanlúcar con Jerez para recibir las enseñanzas del legendario maestro Javier Molina. Su legado cuajó dentro de sus hijos, entre los que también habrían de destacar Isidro, compositor de grandes éxitos flamencos, además de guitarrista, y José Miguel (Évora). Profesionalmente, Sanlúcar, debutaría apenas iniciada la adolescencia en la compañía de Pepe Marchena, con Pepe Pinto y la Niña de los Peines como padrinos, y recorrería la carrera de acompañamientos y tablaos de todo artista en esos años, los sesenta. Entre los primeros, los de La Paquera, con la que dejó registros, y Enrique Morente, con el que no. Pero pronto tomaría la vía de la guitarra de concierto como muestra su mencionada trilogía de principios de los setenta.
Retirado de los escenarios desde 2013, el artista nunca abandonó su compromiso con la guitarra y la música flamencas. Empleó años en la elaboración de lo que él reconoce como su gran legado: una gran obra didáctica sobre la sonanta, La guitarra flamenca, Manolo Sanlúcar, que consta de 13 DVD y dos obras literarias, Andalucía, la otra historia y La escuela. En los últimos meses se encontraba trabajando en su inminente publicación. En su obra escrita, no se puede olvidar su libro de memorias, El alma compartida, el mejor título para la narración personal de sus vivencias, que comparte con las mismas maneras con las que ha caminado por la vida: de forma sincera y sin tapujos, a pecho descubierto.
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